El continuismo empeorado del presente es lo que busca a toda costa imponer la hegemonía despótica y depredadora que impera en Venezuela. En otras palabras, destruir el futuro de nuestro país.

Muchos desplomes nos permitirían demostrar el fracaso del socialismo como modelo para establecer el progreso, el bienestar y la justicia social en los países, pero ninguno como la poca importancia que conceden a la defensa territorial de las naciones que gobiernan. Si la realidad histórica les impone escoger entre el poder que detentan o renunciar a los derechos que han recibido de sus ciudadanos para poder considerarlos constitucionalmente como sus gobernantes.

Está a la vista de todos el desarrollo de una agenda que apunta a la entronización de piezas enroscadas en el Foro de São Paulo. Las pautas se aplican por igual en Chile que en México, sin obviar los escenarios de Venezuela, de Argentina, de Colombia y de Brasil, en donde se ha reelegido como primer mandatario a uno de los apóstoles de ese entramado desde donde se enarbolan las banderas del progresismo, entreveradas con las consignas del Socialismo del Siglo XXI.