El Cuerno de África está sufriendo la peor sequía de las últimas décadas, aumentado la inseguridad alimentaria y provocando desplazamientos cada vez más generalizados. Llevar ayuda humanitaria es crucial para evitar un deterioro a gran escala en toda la región a mediados de año.

Se calcula que 15 millones de personas están gravemente afectadas por la sequía en Kenya, Somalia y Etiopía.

Las múltiples temporadas de lluvias fallidas amenazan con crear una crisis humanitaria en una región que ya sufre conflictos, condiciones meteorológicas extremas, el cambio climático, las langostas del desierto y la pandemia del COVID-19.

Decenas de miles de familias se ven obligadas a abandonar sus hogares en busca de alimentos, agua y pastos, lo que aumenta la presión sobre unos recursos naturales ya limitados. La sequía también ha aumentado el riesgo de conflictos intercomunitarios, ya que las comunidades agrícolas y las de pastores compiten por las menguantes reservas de agua.