Venezuela se encuentra ante el umbral de una etapa que exige algo más que optimismo: nos exige resiliencia con propósito.

Después de años transitando los pasillos de la incertidumbre y el drama político, es humano sentir que la desesperanza ha intentado echar raíces. Sin embargo, hoy el llamado no es a olvidar, sino a transformar.

Reconocer los conflictos y las fracturas del pasado es el primer paso para no repetirlos. Pero para avanzar, es imperativo modificar nuestro «chip» de dolor.

No podemos construir un edificio nuevo sobre cimientos de amargura. Cambiar esa visión por una perspectiva esperanzadora y empoderada no es un acto de ingenuidad; es un acto de soberanía personal y ciudadana.

La nueva Venezuela que soñamos: libre, próspera y plena, solo es posible si caminamos por la vía de la reconciliación, y siempre de la mano de la justicia. No se trata de un perdón que ignora, sino de un entendimiento que sana. Es la oportunidad de oro para corregir los errores que, como sociedad y como clase política, nos trajeron hasta aquí.

Esta nueva etapa se sostiene sobre valores irrenunciables que debemos rescatar y proteger:

Libertad de Expresión: Que nunca más el miedo silencie una idea. En un país libre, el debate es el motor del progreso.

Venezuela se encuentra ante el umbral de una etapa que exige algo más que optimismo

Soberanía y Democracia: Reconstruir nuestras instituciones para que el poder resida, de verdad, en la voluntad de cada venezolano y motivado en su reales necesidades.

Responsabilidad Ciudadana: Entender que la libertad requiere de nuestra vigilancia y participación activa, sí, con ciudadanos activos, como tú y como yo.

La prosperidad no llegará solo por decreto, sino por la suma de nuestras voluntades. Es momento de vernos a los ojos, reconocer al hermano en el otro y entender que este nuevo comienzo es la plataforma para demostrar de qué estamos hechos los venezolanos. Y sí, conectarnos con nuestra espiritualidad y lo holístico, nos ayudará a perdonar. Dejando en manos de la justicia lo que no podemos resolver con nuestras emociones. Y rescatando la meritocracia, aquella que se guardó por algún tiempo deberá tomar protagonismo.

Dejamos atrás la sombra del miedo para caminar bajo la luz de un país que se redescubre en una nueva oportunidad.

El futuro y la democracia no se esperan, ambos se construyen con conciencia, convicción y verdad.

Ada Charles
Abogado, madre, esposa, hija, amante de la libertad y Concejal de Lechería.

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