HCappyta8AA1SW9

Hoy, 2 de marzo de 2026, en el corazón de Miami y bajo la bendición espiritual de la Ermita de la Caridad del Cobre, el exilio cubano dio un paso decisivo hacia la libertad de la isla. Orlando Gutiérrez Boronat, de la Asamblea de la Resistencia Cubana, y Rosa María Payá, de Pasos de Cambio, encabezaron la firma del Acuerdo de Liberación de Cuba, un pacto que une a decenas de organizaciones opositoras dentro y fuera del país. Este no es solo un documento: es una hoja de ruta clara para desmantelar la dictadura y transitar hacia la democracia.

El acuerdo se divide en etapas precisas: liberación inmediata, estabilización nacional y democratización plena. En la primera fase, se exige la excarcelación de más de 1.000 presos políticos, el fin de la represión y la restauración de libertades básicas como expresión, prensa y empresa privada. Gutiérrez-Boronat lo llamó «el cerco definitivo al castrismo», convocando a un levantamiento popular y presión internacional para cortar la impunidad.

Payá, heredera del legado de su padre Oswaldo, subrayó la crisis humanitaria: «La única salida es la salida de la dictadura». El plan incluye comisiones especializadas en economía, salud, educación y reunificación del exilio, con énfasis en elecciones libres supervisadas por la comunidad internacional.

¿Por qué ahora? La urgencia de un cambio histórico
Cuba enfrenta un colapso multisistémico: hambruna, apagones y éxodo masivo. Este pacto llega en un momento clave, coordinando esfuerzos previos como ARC y Pasos de Cambio, y busca inspirar a la diáspora y a los cubanos en la isla. Figuras como Alex Otaola respaldaron el evento, que se transmitió en vivo y generó eco en redes.

En un mundo atento a las transiciones –como la de Venezuela–, este Acuerdo posiciona al exilio como vanguardia de la esperanza. No es utopía: es acción concreta contra el terror estatal.

Comparte en tus redes