_F6A5668

Nuevas cifras de la pobreza multidimensional demuestran que la medición monetaria basada únicamente en ingresos no refleja las carencias estructurales que enfrentan millones de hogares peruanos en salud, educación, vivienda, empleo y servicios como agua potable, saneamiento y conectividad.

El Observatorio Económico, Financiero y Social de la Universidad de Lima presenta este índice, basado en la metodología de la Universidad de Oxford, en un año decisivo para el país, con elecciones presidenciales, congresales, regionales y municipales. El análisis revela que la pobreza en el Perú no es un fenómeno único, sino dos mapas que rara vez se superponen. Solo el 14 % de la población —alrededor de 4,8 millones de personas— es pobre tanto por ingresos como por carencias en servicios esenciales. En contraste, 6,2 millones de peruanos (18 %) enfrentan privaciones severas sin ser considerados pobres por ingresos; mientras que otros 4,6 millones (13,6 %) no logran cubrir una canasta básica, pese a contar con servicios básicos.

Brechas territoriales: la pobreza que no se ve
La desconexión entre mediciones se profundiza en el ámbito rural. La pobreza multidimensional alcanza el 69,3 % en zonas rurales, frente al 39,3 % de la pobreza monetaria. “En la sierra y la selva, las carencias en vivienda, agua segura, saneamiento o conectividad pesan más que el nivel de ingresos. La medición monetaria no logra capturar la magnitud de estas privaciones”, explica Guillermo Boitano Castro, director de la Carrera de Economía de la Universidad de Lima.

Hablan las regiones
Loreto (62,3 %) y Puno (62,2 %) registran los niveles más altos de pobreza multidimensional del país. En Cusco, la pobreza multidimensional (49,1 %) casi triplica la monetaria (18,5 %), lo que evidencia que, incluso cuando los ingresos mejoran, las carencias estructurales persisten. En la costa urbana, en cambio, la vulnerabilidad se asocia al costo de vida y la informalidad: en Lima Metropolitana, el 21 % de la población es pobre solo monetariamente; mientras que, en el Callao, la pobreza monetaria (33,9 %) duplica ampliamente la multidimensional (11,5 %).

Retrocesos en salud, vivienda, educación y conectividad
El estudio también identifica un deterioro sostenido en dimensiones clave del bienestar. Entre 2018 y 2024, la población con al menos un problema de salud crónico aumentó 2,4 % a nivel nacional, pero el incremento en zonas rurales fue casi seis veces mayor que en áreas urbanas. La carencia de atención médica también creció en el ámbito rural: se consolidó así un riesgo acumulado que afecta especialmente a hogares alejados de los centros urbanos.

Las condiciones de vivienda muestran una brecha persistente: en 2024, el 83,2 % de los hogares rurales presentó mala condición habitacional, frente al 26,8 % en zonas urbanas. En educación, el 70,2 % de la población rural registra retraso educativo, más del doble que en el área urbana (31,4 %). La conectividad confirma la desigualdad: cerca del 10 % de la población de la sierra y la selva no tiene acceso a internet, frente al 2 % en la costa.

Un índice que se acerca más a cómo la gente vive la pobreza
El estudio muestra que la pobreza multidimensional se parece más a cómo los peruanos sienten y experimentan la pobreza que la medición basada solo en ingresos. La correlación entre percepción e IPM es más fuerte (0,76) que la que existe con la pobreza monetaria (0,73). “Las personas no se consideran pobres únicamente por tener poco dinero, sino por enfrentar carencias en servicios básicos y oportunidades”, señala Boitano.

El índice de pobreza multidimensional elaborado por la Universidad de Lima revela que la medición basada solo en ingresos deja fuera del radar a una parte sustancial de la población que enfrenta carencias estructurales.

En un año de renovación de autoridades, el IPM de la Universidad de Lima ofrece una herramienta que permite identificar territorios invisibles para las métricas oficiales, diferenciar entre pobreza estructural y pobreza por costo de vida, y orientar el gasto social hacia las zonas donde las intervenciones son realmente urgentes. Su nivel de detalle permite diseñar políticas diferenciadas para costa, sierra y selva, evitando enfoques uniformes que no responden a las realidades del país.

Sobre el Observatorio Económico, Financiero y Social de la Universidad de Lima
El observatorio desarrolla análisis rigurosos sobre bienestar, economía y desarrollo social, al combinar investigación académica, análisis estadístico y metodologías innovadoras para aportar evidencia a la toma de decisiones públicas y privadas.

Comparte en tus redes