Organizaciones y activistas de derechos humanos han denunciado la condena a muerte impuesta por el régimen islámico de Irán a la joven estudiante Melika Azizi, de 18 años, detenida tras su participación en las protestas nacionales de enero de 2026.
Según los reportes difundidos por redes de la sociedad civil, Melika fue arrestada en la ciudad de Masal, en la provincia de Guilán, después de que fuerzas de seguridad irrumpieran de madrugada en su domicilio y posteriormente fue trasladada a la prisión de Lakan, en la ciudad de Rasht. Se afirma que se le acusa de incendiar símbolos del régimen y se le ha imputado el delito de “moharebeh” (“guerra contra Dios” o “enemistad con Dios”), figura utilizada por la República Islámica para castigar con la pena capital a opositores y manifestantes.
Diversas fuentes denuncian que la joven ha sido sometida a severas palizas, aislamiento y torturas, y que se encuentra incomunicada de su familia, sin acceso adecuado a defensa legal ni garantías de debido proceso. En una de las audiencias, Melika habría encarado al juez con una frase que se ha convertido en símbolo de la resistencia juvenil en Irán: “Ustedes han hecho que tantos jóvenes sangren, ¿cómo puedo quedarme en silencio? No me importa, mátenme también”.
La confirmación de la sentencia de muerte por parte de autoridades del régimen ha generado preocupación internacional y llamados urgentes a detener la ejecución. Organizaciones de derechos humanos advierten que el caso de Melika se inscribe en un contexto más amplio de represión contra jóvenes, mujeres y manifestantes en Irán, donde la acusación de “enemistad con Dios” se usa de manera recurrente para justificar la horca y silenciar la disidencia.
“Melika Azizi representa a una generación que se niega a guardar silencio frente a la violencia estatal. Su condena a muerte es un mensaje de terror del régimen, pero también un llamado a la comunidad internacional para que actúe con urgencia”, señalan activistas consultados.
Las organizaciones firmantes instan a:
- Las autoridades iraníes, a revocar de inmediato la sentencia de muerte contra Melika Azizi, garantizar un nuevo juicio justo y respetar sus derechos fundamentales.
- Los gobiernos democráticos y organismos multilaterales, a ejercer presión diplomática y activar todos los mecanismos disponibles para frenar esta y otras ejecuciones por motivos políticos en Irán.
- Los medios de comunicación, organizaciones sociales y ciudadanía, a difundir el caso de Melika y a sumarse a campañas internacionales que exigen el fin de la pena de muerte y la persecución contra manifestantes en el país.
Mientras la vida de Melika Azizi pende de un hilo, su historia se ha convertido en un símbolo global de la lucha de las y los jóvenes iraníes por libertad, dignidad y justicia.