La democracia no es un regalo del poder; es la conquista inquebrantable de un pueblo que decide unirse para ejercer su soberanía.
El regreso de la líder María Corina Machado a suelo venezolano marca un antes y un después en nuestra historia contemporánea. Su presencia de vuelta en el país no constituye únicamente un hecho político de enorme trascendencia; es el catalizador que reaviva el motor cívico de una nación decidida a sacudirse la oscuridad y transitar, por fin, hacia la reconstrucción institucional, moral y ética.
Durante demasiado tiempo, la estrategia autoritaria apostó al desgaste, al exilio, la represión y a la fragmentación de la sociedad. Sin embargo, este retorno demuestra que los liderazgos genuinos se nutren de la cercanía con su gente.
Al pisar nuevamente Venezuela y reencontrarse con los ciudadanos, se rompen los muros del miedo y se fortalece el tejido social.
La esperanza deja de ser una expectativa lejana para convertirse en una energía colectiva y organizada.
No obstante, el reto monumental que tenemos en frente, exige madurez y unidad absoluta. El objetivo supremo de este proceso es uno solo: la conquista de elecciones verdaderamente libres, transparentes y competitivas, donde la voluntad popular expresada en las urnas sea respetada de manera absoluta.
La transición democrática no es tarea de una sola persona; reclama la articulación de cada venezolano, dentro y fuera de las fronteras, enfocado en un gran acuerdo nacional.
Hoy más que nunca, la unión ciudadana en torno a la ruta electoral es nuestra mejor herramienta. Venezuela está en pie, y el camino hacia la libertad nos convoca a todos sin excepción.
Por: Ada Charles
Abogado, madre, esposa, hija, hermana, amante de la Libertad y Concejal de Lechería.
