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Desde hace varios días, familiares de presos políticos mantienen vigilias ininterrumpidas a las afueras de la prisión en la Plaza Venezuela.

Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, prometió liberar un «número importante» de detenidos, pero solo unas pocas excarcelaciones se han concretado, como las de Biagio Pilieri, Enrique Márquez y Rocío San Miguel.

Organizaciones como Foro Penal reportan al menos 70 presos políticos aún en El Helicoide, mientras las liberaciones avanzan «a cuentagotas». Las madres, esposas e hijos duermen en las aceras, compartiendo colchonetas y mantas, en medio de un ambiente cargado de dolor y solidaridad.

Voces desde la Espera
«¡Que sean todos!», claman las manifestaciones espontáneas que se repiten noche tras noche. Activistas como Diego Casanova documentan más de 24 horas de vigilia, con escenas de euforia por las pocas salidas y frustración por la falta de cronograma claro del régimen.

Estas concentraciones reflejan la crisis humanitaria persistente en Venezuela, donde la oposición denuncia arbitrariedades en las detenciones postelectorales. La comunidad internacional observa atentamente, mientras las familias insisten: la libertad no puede esperar más.

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