Crónicas de Anzoátegui – Cada 15 de mayo, la ciudad de Barcelona celebra el día de San Celestino, su santo patrono. La fecha reúne misas, procesiones, deportes y expresiones de fervor popular alrededor de una figura cuya historia sigue despertando asombro siglos después. Y es que detrás de esa devoción existe una de las narraciones religiosas más extrañas y fascinantes vinculadas a Venezuela.
Pocos imaginan que en pleno corazón de Barcelona, estado Anzoátegui, descansa y esta en permanente exposición el cuerpo embalsamado de un mártir romano que vivió hace casi dos mil años.
Se trata de San Celestino, patrono de la ciudad, cuya historia parece salida de una novela entre el Imperio Romano, las persecuciones cristianas y los misterios del Vaticano.
San Celestino fue un soldado romano que decidió declararse cristiano en tiempos del emperador Decio, cuando profesar la fe significaba prácticamente una sentencia de muerte.
Según documentos de la Iglesia, fue brutalmente torturado por negarse a renunciar a sus creencias y murió desangrado en un calabozo de Roma.
Su cuerpo fue enterrado en las catacumbas de San Lorenzo y permaneció allí durante más de quince siglos, hasta que los pontífices Clemente XIV y Pío VI ordenaron exhumar sus restos y enviarlos a Venezuela.
La travesía de sus reliquias cruzó Roma, Génova, Cádiz y Puerto Rico antes de llegar finalmente a Barcelona, donde fueron depositadas en la catedral de la ciudad dentro de una urna de vidrio.
El Vaticano ordenó embalsamar el cadáver, cubrir su rostro con una máscara de cera y vestirlo con uniforme militar de gala, adornado con espada y casco dorado.
Desde entonces, San Celestino permanece expuesto como símbolo de fe y devoción para generaciones de barceloneses.
Junto a él reposan reliquias de otros mártires cristianos, convirtiendo la Catedral de Barcelona en uno de los templos religiosos más singulares de Venezuela.
La historia de San Celestino mezcla religión, misterio, martirio y memoria.
La de un hombre que murió defendiendo su fe sin imaginar jamás que siglos después terminaría convertido en el protector espiritual de una ciudad venezolana.