La reconstrucción sostenible de Venezuela no dependerá de la renta petrolera, sino de las aulas de clases.
Para levantar al país, la educación no puede ser un accesorio del desarrollo; debe ser su pilar fundamental. Sin embargo, para que este motor funcione, es urgente rescatar un principio institucional clave: La supremacía de la academia en el diseño e implementación de las políticas públicas.
El mayor error de las últimas décadas ha sido sustituir el criterio técnico por la improvisación o la lealtad partidista. Las consecuencias están a la vista. Las universidades, centros de investigación y academias nacionales deben volver a ser los consultores obligatorios del Estado. Ningún plan de reordenamiento urbano, estrategia económica o programa social debe ejecutarse a espaldas del conocimiento científico.
Cuando la política se somete al rigor de los datos, las soluciones trascienden los gobiernos y se vuelven permanentes.
Este nuevo modelo exige despolitizar las aulas, dignificar las condiciones de vida de los educadores y conectar la investigación universitaria con los sectores productivos locales.
Transitar de una economía extractivista a una economía del conocimiento es el verdadero desafío.
Devolverle el liderazgo a la academia no es un acto de elitismo; es una necesidad histórica. Solo cuando permitamos que el conocimiento guíe las decisiones públicas, Venezuela dejará de improvisar su presente para empezar a planificar su futuro.
Por: Ada Charles
Abogado, madre, esposa, hija, hermana, amante de la Libertad y Concejal de Lechería.
