Regresar al lugar donde perdimos a César Pereira obliga a mirar hacia atrás, pero también hacia adelante. En Lechería, durante una actividad realizada en su memoria, volvieron el dolor, los recuerdos y las preguntas que han acompañado durante años a quienes vivimos de cerca las protestas de 2017.
César, a quien muchos conocíamos como “Cesita”, tenía apenas 20 años. Resultó herido durante una manifestación en el sector Peñón del Faro, en Lechería, el 27 de mayo de 2017, y murió al día siguiente. Su ausencia sigue teniendo un peso particular para quienes compartimos aquellos días y para quienes vimos partir a tantos jóvenes en medio de una Venezuela profundamente confrontada.
A pocas horas de abandonar nuevamente mi tierra, acudí al lugar donde César fue herido. Lo hice para renovar una promesa: no permitir que su muerte, ni la de tantos venezolanos que perdieron la vida durante años de conflicto político y protestas, termine convertida solamente en un recuerdo.
Esta visita a Venezuela también me permitió encontrarme con otras realidades. Compartí con familiares y amigos, pero además tuve la oportunidad de sentarme a conversar con personas con las que, hace algunos años, habría parecido imposible hacerlo. Esa experiencia me dejó una reflexión: Venezuela necesita justicia, pero también necesita reconstruirse.
Durante mucho tiempo algunos ocultamos nuestros rostros detrás de una capucha. Hoy, en lo personal, he decidido no hacerlo más. Sé que esa decisión puede implicar riesgos, pero considero que llega un momento en el que debemos asumir nuestras palabras y nuestras convicciones de frente.
Eso no significa olvidar. Tampoco significa renunciar a exigir que se investiguen las responsabilidades por las violaciones y delitos que pudieron cometerse durante aquellos años. Justicia y reconciliación no deberían ser conceptos incompatibles. Un país que quiere avanzar necesita esclarecer lo ocurrido, establecer responsabilidades conforme a la ley y, al mismo tiempo, encontrar mecanismos que permitan volver a convivir.
La venganza no puede ser más importante que el futuro.
Quienes hemos conocido la confrontación debemos tener la madurez suficiente para comprender el momento histórico que atraviesa Venezuela. No podemos repetir el error de convertir nuestras diferencias políticas en una condena permanente a la división. Construir país significa hacerlo para todos, incluso entre personas que mantienen profundas diferencias sobre nuestro pasado y nuestro futuro.
Existe, además, un cansancio evidente con la política. Muchos venezolanos sienten que durante años las disputas por el poder estuvieron por encima de los problemas cotidianos de la población. Esa desconfianza no puede simplemente ignorarse. Recuperar la credibilidad exigirá responsabilidad, resultados y una manera distinta de relacionarnos entre ciudadanos.
A quienes estuvieron del otro lado de aquella confrontación les digo algo sencillo: exigiremos justicia, pero Venezuela no puede construirse sobre una nueva espiral de revancha. Tampoco debemos subestimarnos unos a otros. Los años difíciles dejaron heridas, pero también formaron a una generación que aprendió a resistir, organizarse y defender aquello en lo que cree: la generación más fuerte de la historia contemporánea de América.
Recordar a César Pereira no debería significar permanecer atrapados en 2017. Para mí, recordarlo significa trabajar para que ningún joven venezolano tenga que morir nuevamente por nuestras diferencias políticas.
Si realmente queremos paz, estabilidad y libertad, tendremos que aprender a construirlas juntos.
Diego Cebey
Un venezolano más en resistencia.