En el contexto actual de Venezuela, donde la conversación suele quedar atrapada en la diatriba política y las cifras de recuperación económica en alerta, es fundamental rescatar el verdadero propósito del ejercicio político: servir al país, como herramienta principal para la construcción de una democracia sostenible y funcional.
La política no debe entenderse como un conflicto estéril, sino como el espacio de encuentro para alcanzar acuerdos que impacten la realidad cotidiana.
En este sentido, la necesidad inminente de recuperar y estabilizar los servicios públicos, como electricidad, agua, salud, transporte, seguridad, infraestructura, educación, acceso a la información y conectividad, no es solo un tema técnico o presupuestario; es un imperativo ético y democrático.
Sin servicios básicos eficientes, no hay desarrollo económico sostenible ni calidad de vida que permita al ciudadano participar plenamente en la vida pública.
Para que Venezuela avance, la política debe girar su mirada hacia la gestión. La estabilidad de los servicios es el cimiento sobre el cual se construye la confianza institucional.
Solo mediante el reconocimiento de una política orientada a soluciones reales podremos superar la crisis, garantizando que el crecimiento económico se traduzca en bienestar tangible para cada hogar. La democracia se fortalece cuando las instituciones responden a las necesidades de su gente.
Por: Ada Charles
Abogado, madre, esposa, hija, hermana, amante de la Libertad y Concejal de Lechería
