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Tras los dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el centro-norte de Venezuela el 24 de junio, dejando al menos 2.295 muertos y más de 11.000 heridos, miles de familias desplazadas han tenido que buscar refugio en espacios públicos improvisados: estadios y campos de béisbol, plazas, parques y hasta los márgenes de autopistas.

Estadios de béisbol y polideportivos como campamentos de emergencia
En el estado La Guaira, el más afectado por los sismos, el campo de béisbol de Playa Grande y el polideportivo José María Vargas se transformaron en campamentos transitorios donde decenas de familias duermen bajo toldos y carpas, en medio de la grama y rodeadas de sus pertenencias en bolsas plásticas.

El Gobierno nacional habilitó oficialmente múltiples escenarios deportivos como refugios: en La Guaira, además del estadio Jorge Luis García Carneiro de Macuto y la Cancha de Paz de Playa Grande, se abrió el Polideportivo José María Vargas como centro de acopio y logística.

En Caracas, fueron convertidos en centros de refugio el Instituto Nacional de Deportes (IND) en Montalbán, el Complejo Cultural y Deportivo Guayana Esequiba en San Bernardino, el estadio “Chato Candela” en el 23 de Enero, la sede de la Federación Venezolana de Fútbol en Sabana Grande y el Coliseo de Petare, este último con insumos de agua, colchonetas, alimentación, artículos de higiene y personal médico.

En Maracay, estado Aragua, el Estadio José Pérez Colmenares también fue abierto para atender a heridos y damnificados, con personal especializado y protección según los casos.

Además, varios clubes de béisbol profesional activaron sus estadios como centros de acopio para recibir donaciones: el Estadio Luis Aparicio “El Grande” en Maracaibo (Águilas del Zulia), el José Bernardo Pérez en Valencia (Navegantes del Magallanes) y el Estadio Universitario en Caracas (Tiburones de La Guaira).
Plazas y parques metropolitanos como refugios espontáneos

Ante la falta de viviendas seguras y el miedo a las más de 300 réplicas registradas, muchas familias han ocupado plazas y parques de manera espontánea. En Caracas, los parques metropolitanos Alí Primera (Catia) y Generalísimo Francisco de Miranda (Este de Caracas) fueron habilitados oficialmente para dar cobijo a afectados.

En otros sectores, familias como la de Desiré Gil han encontrado refugio en pequeñas plazas cubiertas de césped, mientras que otras han improvisado campamentos entre árboles, autos y áreas verdes, usando sábanas para delimitar sus espacios y resguardar sus pocas pertenencias.

Condiciones precarias y respuesta humanitaria
Dentro de las instalaciones deportivas, se han instalado carpas grandes donde conviven grupos de hasta 50 personas, con productos de higiene personal, agua en envases plásticos y alimentos no perecederos. Estos espacios también funcionan como centros de distribución de insumos de primera necesidad.

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció que el Gobierno proporcionaría refugios temporales y pondría hoteles a disposición de quienes perdieron sus viviendas, aunque no quedó claro cuántas personas serían beneficiadas.

La alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, informó que la ciudad abrió al menos cuatro refugios de emergencia en canchas de baloncesto y estadios, mientras que en La Guaira, cuando una fotógrafa de The New York Times visitó un campo de béisbol repleto de familias desplazadas, apenas se notaba la presencia oficial del Gobierno.

Incertidumbre y resiliencia
Miles de venezolanos, como la familia de Daniela Jaramillo en Playa Grande, viven entre la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar a sus hogares y el dolor por los desaparecidos que aún siguen bajo los escombros. Aun así, en medio de la tragedia, hay gestos de esperanza: niños que nacen en los refugios, mascotas que dan a luz atendidas por veterinarios voluntarios y comunidades que se organizan para repartir comida y ropa.

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